El sabor caribeño calienta la noche en el Papaya Fest

sábado, 18 de febrero de 2006

La segunda noche del festival se caracterizó por la temática caribeña. Ritmos conocidos y otros no tanto como el garifuna, sumados a influencias como el jazz y el rock, dieron a la noche una particular mezcla de colores y sabores donde el público pudo explorar sus más profundas raíces. "Todos tenemos algo de negro" dice Aurelio Martínez refiriéndose a sus orígenes africanos.

El concierto arrancó a eso de las 7:20pm con el grupo Calypso Jazz Band. El calypso del Bluefields, Bocas del Toro y Limón unido con el jazz de New Orleans, encendieron la noche tan pronto sonaron los primeros acordes.

El segundo grupo en el escenario fue, el ya conocido, Cantoamérica que con sus 25 años de trayectoria mostraron una vez más lo que es tener éxito sin necesidad de publicidad alguna. El calypso, jazz, reggae y la salsa pusieron a bailar al público, quienes parecían no cansarse nunca.

Mientras el siguiente artista se preparaba, se regalaron camisetas y discos; primero a los que presentaran una prenda color papaya, luego a quienes tuvieran entradas para los siguientes conciertos. Este último fue mi caso y regresé con un disco promocional del Papaya Fest :-D

Pero los concursos no fueron los únicos que causaron alegría en el interludio. Grandmaster, que se presentará en el siguiente concierto, apareció repentinamente entre el público mientras se proyectaba un video musical de este beliceño. Con una grabadora al hombro, con alegría y gran estilo puso a bailar a quienes lo rodeaban.

El tercer artista subió a la tarima pasadas las nueve de la noche. Se trataba del anteriormente mencionado Aurelio Martínez, un Garífuna Hondureño. Esta era la primera vez que se presentaba en Costa Rica, y fue todo un éxito. Los sonidos y bailes garífunas llegaron muy adentro de los oyentes, quienes se identificaron enormemente con el cantante.

El útimo en presentarse fue Guillermo Anderson, de origen mestizo y originario de la Ceiba, Honduras. Esta vez el rock, blues y la soca se combinaron con los ritmos garífunas. Una danza con un traje garífuna complementó el espectáculo, y terminó de confirmar una noche llena de encuentros con nuestros orígenes.

Fueron cuatro horas y media de concierto, cuatro horas y media de aplausos, de gritos, de bailes. Un evento que demuestra la unión de Centroamérica como una sola región, sin fronteras, sin aquellos que nos quieren separar.

Todabía quedan dos días de festival, el programa y demás detalles los puede consultar en www.papayafest.com

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