El ser humano contra la montaña

lunes, 31 de diciembre de 2007

Seis y media de la mañana, desayunados y con la carga a cuestas estábamos listos para enfrentar una de las más inaccesibles zonas de Costa Rica, la Cordillera de Talamanca. El objetivo de la gira: alcanzar cuatro de los picos de más de 3000 metros sobre le nivel del mar, de los 47 que tiene Costa Rica.

A lo largo de la ruta disponemos de tres áreas para acampar, sin embargo la idea es llegar el primer día de caminata hasta el segundo puesto, a 20 km, y levantar el campamento, para el día siguiente subir sin carga hasta el Kamuk y regresar. No sabíamos a lo que nos enfrentábamos.

Un par de kilómetros antes del segundo área de camping conquistamos la cumbre del Cerro Nai a 3193 msnm, para esa altura de la gira habíamos caminado kilómetros por un trillo bastante difícil lleno de pronunciadas pendientes. Yo, el menos experimentado, iba agotado a pura fuerza de voluntad. Descendiendo el cerro comienza una dolencia en mi rodilla izquierda que me hacía renquear. Fatigado, lesionado y con diez horas de caminata, tuve que aceptar que no podría ir más allá del segundo puesto. Un miembro débil implica un gran peligro para el resto del equipo.

Al día siguiente el resto del equipo se dispone a conquistar los tres picos restantes sobre los 3000 msnm, incluyendo el Kamuk, con 3549 msnm, el segundo más alto de Costa Rica. Mientras, yo recuperaba fuerzas, las suficientes para lograr salir de esa amenazante montaña. Ocho horas después, con 23 km de caminata, y casi sin fuerzas, regresa el equipo victorioso por haber cumplido con el objetivo, un logro más en nombre del Club de Montañismo de la UCR.

Al día siguiente iniciamos el regreso, la dolencia en la rodilla había desaparecido. Afectado por el frío pero con más fuerzas me pongo en marcha con el resto del equipo. Subo lento y con cuidado nuevamente al Nai, y de ahí acelero el ritmo por un sin fin de "sube y bajas" y pronunciados descensos hasta llegar al primer puesto. Todo bien hasta el momento, estábamos cansados y mojados pero todavía con muchas fuerzas. Comemos un poco, recogemos agua y continuamos antes de enfriarnos demasiado.

La dolencia en la rodilla se hace otra vez presente, primero como una pequeña e insignificante dolencia, luego como un intenso dolor si me atrevía a doblar la rodilla. Con la pierna casi tiesa, recojo una varilla de bambú que utilizo para apoyarme. En medio de la nada, sabía que no podía detenerme, nadie me sacaría de ahí así de fácil. El apoyo de mis compañeros es constante, y bajan el ritmo manteniéndose siempre a mi lado. Casi nueve horas de iniciada la caminata, llegamos al albergue donde iniciamos la gira dos días atrás.

Nunca habíamos hecho una gira tan dura. El Chirripó se vuelve un juego de niños si lo comparamos con la exigencia del reto que acabábamos de enfrentar. Una lesión en la rodilla, la cara quemada por el frío y casi sin fuerzas, reafirmo todavía más el respeto que debemos tener por la montaña.

Nunca había desistido de cumplir con un objetivo. Esta vez ganó la montaña, será en otra ocasión y con mayor preparación que intente alcanzar nuevamente la meta.

Muchas gracias a mis compañeros Alejandro, Jorge, Alonso y al guía Freddy por el verdadero trabajo en equipo que hicieron para mantenerme vivo en una dura prueba que sin duda estará fresca en nuestros recuerdos por mucho tiempo.

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Descendiendo el Cerro Nai el día que regresamos al albergue.




También pueden echar una ojeada a algunas fotos de la gira.

a la/s 7:48 a. m.  
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