Vámonos de fiesta

domingo, 10 de febrero de 2008

Es muy agradable salir con los amigos, compartir, vacilar, comer y bailar. Para ello hay diversos centros nocturnos que nos dan la posibilidad de encontrarnos y pasar un buen rato. Sin embargo, ¿Alguna vez se han puesto a analizar el mal servicio que recibimos en este tipo de lugares?. Aún así regresamos.

Quizás la influencia de los amigos nos empujan a ir una y otra vez a todos estos bares, que abundan en nuestro país. Quizás la costumbre de muchos y no tener otra opción, hacen que estos centros se llenen a más no poder.

Bebidas: su precio duplican o triplican el precio de las mismas en los supermercados. Claro, el ambiente, la música, el salonero, y otras cosas justifican el precio. Deberíamos entonces recibir una buena atención. Veamos...

Tan solo llegando, un tipo de mala gana te dice el precio de la entrada y una vez pagado el importe te marca como ganado, ya sea con una pulsera rosadita o un parchón de tinta en el brazo. En un sitio medianamente respetable ponen un sello, visible solo a luz ultravioleta (así no pierdes glamour). Los precios varían, a veces incluyen bebidas a veces nada, pero de seguro encontrarás un buen sitio donde sentarte.

Entras y el único lugar para estar es en una esquina junto al baño, y de pie. Conforme avanza la noche ingresa más y más gente de manera que las mesas estorban y los empleados comienzan a sacarlas. Así que continúan apretujando la gente y metiendo más.

Bueno, ya hace hambre y pides el menú de boquitas. Pues no, no hay, a ellos lo que les interesa es que bebas y bebas, es más rentable. Así que no queda otra que masticar hielo el resto de la noche.

Probablemente quieres conversar con tus amigos y amigas, de seguro hace días no los ves y hay mucho que contar. Pero la música es estruendosa incluso si te metes en el baño. El lenguaje se reduce a unas pocas palabras estilo telégrafo gritadas al oido y ya cuando estás bien ronco desistes y mejor te pones a ver los televisores, no importa que no tengan nada interesante que mostrar (¿Quién putas va a un bar a ver tele?).

Mejor es ponerse a bailar un rato, hay que aprovechar para mostrar las habilidades que has adquirido en tus clases de baile. De seguro ahorita quitan el reggaetón y ponen música bailable. En la tarima un animador nos dice que hacer, es cómo si no tuviéramos poder de decisión, o la cabeza vacía. Él nos dice cuando levantar los brazos, cuando gritar y cuando repellar a la pareja. Alaba a los saprissistas, a los liguistas, a los que le dan vuelta a la doña y a los que fuman marihuana. Suenan intervalos cortos de música que cambian rápidamente, ni siquiera se puede seguir el ritmo para moverse un poco.

Luego de muchas horas (y con un poco de suerte) ponen tu ritmo bailable favorito, sacas tu pareja a bailar pero... no te puedes mover. Espacio para una pista de baile significa menos gente tomando y eso no puede ser.

Al final ponen algún show pasado de moda al estilo Axé-bahía lo que hace que la gente se aburra y se vaya.

Te vas para la casa, sordo, ronco y apestando a tabaco.

Pagamos mucho por nada. Y aún así, regresamos.

a la/s 1:41 p. m.  
1 comentarios
Anónimo dijo...

Si no le cuadró, no vuelva! Playito

27/2/08 9:43 a. m.  

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